Cantar de Mío Cid 【resumen y personajes】

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El Cantar del Mio Cid es un cantar de gesta compuesto por 3735 versos Es la primera obra poética de larga extensión de nuestra literatura.

Este cantar épico es anónimo, pero el manuscrito que ha llegado hasta nuestros días está firmado por Per Abbat y data del año 1207.

La obra relata las hazañas heroicas llevadas a cabo por el caballero Rodrigo Díaz de Vivar, mejor conocido como el Cid Campeador.


Contenido

Personajes de El Cantar del Mio Cid

Aunque el cantar está basado en personajes reales, no deja de ser literatura, es decir, no es una crónica exacta de los hechos.

El Cid: héroe y protagonista del poema épico. Este personaje está basado en Rodrigo Díaz de Vivar, un infanzón que existió en la vida real (1043-1099).

Alfonso VI: rey de Castilla. Destierra al Cid quien intentará recobrar su honra llevando a cabo grandes hazañas en nombre de su rey.

Doña Jimena: esposa del Cid y madre de sus hijas. Encarna la virtuosidad femenina.

Hijas del Cid: doña Elvira y doña Sol, son casadas con los infantes de Carrión.

Infantes de Carrión: personajes ficticios que deshonran a las hijas del Cid. Apenas hay psicología diferenciadora de cada uno de los infantes, son como siameses.

García Ordoñez: noble envidioso del Cid que provoca su destierro.

Minaya Álvar Fáñez, Pedro Bermúdez, Martín Antolínez: algunos de los hombres del Cid que lo acompañan en el destierro.

Resumen de El Cantar del Mio Cid

Tradicionalmente ha sido dividido en tres partes, aunque hay autores que defienden una división bipartita. Así, habría una primera parte que incluiría el destierro y las bodas, donde los hechos bélicos y las hazañas heroicas cobran mayor protagonismo y en la que se presenta al Cid como una figura muy preocupada por no perder su honra, lo cual se convertirá en su late motiv. Los últimos versos consistirían en una parte mucho más íntima, más familiar del Cid.

Cantar del destierro — el poema comienza in medias res, ya que falta la primera página del manuscrito de Per Abbat. De esta manera, empieza directamente con el destierro del Cid, quien cuenta con nueve días para abandonar Castilla.

Son muchos los hombres que siguen al Cid en su destierro, entre ellos Minaya Álvar Fáñez, primo hermano del caballero. Se dirigen a Burgos. El Cid abandona Vivar con lágrimas en los ojos, un claro ejemplo de humanización del héroe épico, algo totalmente innovador.

Si atendemos a la historia, el Cid formaba parte de la nobleza burgalesa, altamente enemistada con la nobleza castellana a la que pertenecía García Ordoñez. El favoritismo del rey Alfonso VI por el Cid hizo que García Ordoñez comenzase a hablar mal de él, lo que ocasionó su destierro.

Cuando llegan a Burgos nadie los hospeda. Una niña le informa de que el rey ha ordenado que nadie los ayude si no quieren enemistarse con él.

El Cid y sus hombres deciden acampar a las afueras de la ciudad. Martín Antolínez se salta la advertencia del rey y decide proveerlos de bienes, ya que nadie más iba a hacerlo.

Ambos elaboran un plan para conseguir dinero: construyen dos arcas que llenan de arena y se las entregan a los judíos Raquel y Vidas para que las guarden. Estos, creyendo que las arcas están repletas de oro, le entregan al Cid seiscientos marcos y prometen guardarlas durante todo un año. Además, les hacen jurar que no las abrirán, ya que entonces no recibirían beneficio alguno por parte del Campeador.

Una vez con dinero, el Cid se dirige a Cardeña para despedirse de su esposa e hijas. El Cid promete volver y casarlas honradamente y, posteriormente, junto con un centenar de castellanos que habían llegado hasta Cardeña para acompañar al héroe, continúan su salida de Castilla.

En la última noche del Cid en Castilla se le aparece el arcángel San Gabriel, y le asegura que Dios lo protege. Justo antes de abandonar el reino, el Cid pudo contar hasta trescientas lanzas.

El héroe ordena acampar de día y cabalgar de noche para no ser descubiertos. Establecen un plan de campaña: el Cid y cien hombres atacarían Castejón y Minaya con doscientos hombres arremetería en vanguardia contra Hita, Guadalajara y Alcalá.

La conquista de Castejón hace ganar al Cid un rico botín. Tras la victoria también de Álvar Fánez, el héroe le ofrece una quinta parte de las ganancias, pero este se niega.

Con la intención de no enemistarse con el rey Alfonso, decide repartir el botín entre sus hombres y devolver el castillo a los moros en vez de destruirlo. Abandona Castejón.

Entonces, marcha a Zaragoza, tierras dependientes del rey moro de Valencia. La llegada del Cid a Alcocer hace que aumente el temor ya que las historias del héroe se habían extendido por todas partes.

El Cid toma Alcocer gracias a un asedio de tres días y planta su enseña allí. El botín conseguido es inmenso, por lo que el Cid decide hacerle un regalo a Alfonso VI. Álvar Fáñez entrega el regalo y con este consigue que lo perdone a él, pero no a su amo. A pesar de ello, anuncia que de ahora en adelante cualquiera podría unirse al Campeador en sus hazañas sin recibir castigo alguno.

Las riquezas del Cid van en aumento: se asienta sobre Monreal y hace pagar tributo a todas las ciudades y villas cercanas. Esto llega a oídos del conde de Barcelona que lo toma como una terrible ofensa y decide enfrentarse a él. El Cid trata de calmarlo por medio de cartas, pero el conde no se da por satisfecho.

De esta manera, se enzarzan en una batalla de la que el Cid sale vencedor. Apresa al conde de Barcelona y se hace con su espada Colada, bastante valiosa. Finalmente pone en libertad al conde y se marcha receloso. El cantar primero finaliza con el Cid apreciando la gran riqueza que ha acumulado.

Cantar de las bodas de las hijas de Cid — comienza con la decisión de los moros valencianos de cercar al Cid en Murviedro. El héroe reúne a sus tropas y les hace huir a Valencia. El plan de batalla elaborado por Minaya da sus frutos y conquistan la ciudad, tras un brutal asedio de diez meses.

Con esto, el Cid coloca su enseña en el alcázar de Valencia: había conquistado toda la región en menos de tres años. Gracias a su posición, el Cid pide al rey sacar a sus hijas y esposa de Castilla. El rey accede.

Esto no satisface a García Ordoñez, quien ve que el Cid está recuperando el favor del rey y presenta a los infantes de Carrión al monarca, quienes deseaban casarse con las hijas del Cid.

Tras la llegada de las mujeres a Valencia, el Campeador descubre que el rey Yusuf de Marruecos ha mandado tropas para recuperar la ciudad. De los cincuenta mil moros enviados solo sobreviven un centenar y el inmenso botín es enviado en su totalidad al rey Alfonso VI.

Los mensajeros son bien recibidos y vuelven a Valencia con increíbles noticias: el rey perdona al Campeador. Además, le comunica la intención de los infantes de Carrión de casarse con doña Elvira y doña Sol. Algo que no sabía es que los infantes habían tramado un malvado plan con el conde García Ordoñez.

Pasan tres semanas y se produce el primer encuentro entre el rey y el Cid a las orillas del Tajo. El Cid se muestra emocionado. A su vuelta a Valencia, el Campeador anuncia el casamiento a sus hijas, al que había accedido a regañadientes por no llevar la contraria al monarca.

Las bodas duran quince días y los infantes de Carrión se instalan en Valencia durante los dos siguientes años.

Cantar de la afrenta de Corpes — comienza con una de las escenas más conocidas del cantar: el león del Cid escapa de su jaula y todos sus hombres se preparan para proteger a su señor, mientras que los infantes de Carrión se esconden. Esto genera las burlas y mofas de toda Valencia contra los infantes y estos quedan resentidos.

La ridiculización de los infantes continúa y estos deciden abandonar Valencia y volver a Carrión. Toman con ellos a sus esposas y el Cid los despide. Antes de ello, les entrega un rico ajuar, vestidos, caballos y sus espadas, Colada y Tizona.

En el camino, los infantes piden al resto de la campaña que se adelanten, ya que desean pasar tiempo a solas con sus esposas. A la altura del poblado de Corpes, los infantes atan a dos árboles a las mujeres y las despojan de sus vestiduras para azotarlas y maltratarlas. Las abandonan allí dándolas por muertas.

El Cid envía a Félez Muñoz, primo de las hijas, para comprobar que no hay ningún problema y las encuentra en unas condiciones terribles. Las noticias alcanzan al rey y al Cid, quien manda a doscientos hombres a por ellas para regresarlas a Valencia.

Entonces promete que no serán deshonradas y que encontrarán un mejor casamiento. El Cid manda un mensaje al rey para que se haga justicia y Alfonso VI decide convocar las cortes a la que debían acudir los infantes.

Finalmente, las espadas y el ajuar son devueltos al Cid y para poder restaurar el honor de las muchachas, el Cid los reta en duelo en un plazo de tres semanas en Carrión.

Muchas personas se reúnen en Carrión para ver los retos y, finalmente, salen vencedores los hombres del Cid. Regresan todos a Valencia donde se producen los segundos casamientos de las hijas, en esta ocasión con los príncipes de Navarra y de Aragón. Esto convierte al Cid en pariente cercano de los reyes de España y así finaliza este cantar de gesta.

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